
“Siempre me gustaron las palabras, sus sonidos, su repiqueteo en mi cabeza cuando me movían por dentro. Me recuerdo escribiendo versos desde niña, no como ejercicio literario, sino como una manera de licuar la roca interior y hacerla más llevadera…”
Queridos lectores, hoy vamos a hablar de De nadie, escrito por Blanca Pérez-Bocanegra Rodríguez y publicado por el Grupo Editorial Europa.
De nadie es pura poesía, es un flujo constante de emociones, contradicciones y palabras que fluyen libres, sin huida ni miedo; De nadie es un libro que os emocionará y os hará reflexionar sobre la vastedad de paisajes emocionales que habitan dentro de todos nosotros. Tan fuerte fue la curiosidad de profundizar más que quisimos entrevistar a Blanca Pérez-Bocanegra Rodríguez para conocerla mejor y descubrir algo más sobre De nadie, publicado por el Grupo Editorial Europa.
A continuación, ofrecemos la entrevista a la autora…
¡Buena lectura!
¿Qué le gustaría decirle a sus lectores?
Ante todo, gracias. Gracias por querer saber de mí, de mis sentimientos y de la manera de entenderlos y expresarlos a través de mis poemas.
He de reconocer que cuando escribo no pienso en los lectores porque no cuento nunca con que nadie, más allá de mí misma, vaya a leerlos. Mi escritura es un desahogo íntimo y personal que nunca estuvo pensado para trascender más allá de mi propia lectura y crítica.
Sacarlos a la luz para que los lectores los conozcan es para mí un esfuerzo plagado de contradicciones en su proceso, ya que, a pesar del pudor y del temor a la exposición de mi humanidad, hacerlo me brinda una gran satisfacción que va más lejos de la superficialidad que proporciona el halago o la admiración. Es una satisfacción que se sustenta en la sensación de descarga de mis tormentas, de alivio, de ligereza una vez expuestos a la luz de otras miradas y lecturas.
Cuando mis versos se cuelan en otras almas, apostando por sobrevivir en ellas, se expanden, se enriquecen, engrandeciendo lo que de bueno haya en ellos y diluyendo lo siniestro y desgarrado.
Y digo en mi poema La falta “debes saber que no hay cura” que mitigue el dolor de la falta o la pérdida; pero yo he encontrado en los lectores un excelente paliativo cuando con sus lecturas revierten el dolor o la angustia, alejándolos de mí para hacerlos común, de otros, de todos, del ser humano. De igual modo que multiplican las alegrías o los placeres que arrinconados en mí resultarían insignificantes.
¿Hay un momento en particular que le empujó a escribir este libro?
Vivir cada día, día a día, es el empuje para escribir este libro y todo lo que escribo.
Alojar en el alma las vivencias que la existencia cotidiana proporciona me lleva a escribirlas como “huida”, utilizando recursos materiales para manifestar lo indecible.
Si bien es cierto que este libro viene marcado por un sentimiento fuertemente agarrado a momentos vitales duros, de pérdidas irreparables. Y, probablemente, esos momentos experienciales no sean más que el estímulo necesario para expresar, materializar y enfrentar el frío del abandono y la soledad a través de mis ayudantes, las palabras.
La soledad, tal como está tratada en mi poemario, pretende precisamente contar qué me impulsa a escribir, qué de ella emana en mis poemas. Es decir, el motor de mi escritura es “sentir” o “haber sentido” en toda su extensión, para bien y para mal.
¿En qué escritores se inspiró?
No sería capaz de encontrar una inspiración concreta para mis poemas. En mis lecturas ha habido autores clásicos que me han apasionado, conmovido en lo más profundo y que, de alguna manera, han quedado incrustados en mi paladar poético, agudizando retorcimientos del lenguaje y perfilando emociones encriptadas. De igual modo que lecturas actuales me han suscitado un interés particular, una conmoción más directa y estimulante para agenciar los recodos de mis sentimientos a expresiones más espontáneas y naturales.
Mis gustos o preferencias poéticas tienen una deriva bastante errática, de ahí que en mis poemas pueda entreverse el homenaje a Góngora y Quevedo, algún recuerdo a John Donne, a Emily Dickinson e incluso a Virgilio. Está la admiración a autoras como Josefina de la Torre o el timbre de Julia de Burgos. De igual modo que son aliento en la trastienda de mis escritos lo alterado y emotivo Bécquer, Pablo Neruda o Rubén Darío, la rebeldía maldita de Baudelaire y el clamor natural y la elegancia disimulada de autoras como Chus Pato y Sara Martínez.
¿Cuándo nació su pasión por la escritura?
Creo que, más que una pasión o un gusto, la escritura en mí es un modo de entender la vida, una terapia, si se quiere.
Siempre me gustaron las palabras, sus sonidos, su repiqueteo en mi cabeza cuando me movían por dentro. Me recuerdo escribiendo versos desde niña, no como ejercicio literario, sino como una manera de licuar la roca interior y hacerla más llevadera.
Todo lo que he escrito a lo largo de mi vida quedó en el olvido y destruido en la mayoría de los casos, siendo como era un striptease, un diario íntimo reservado a mi única lectura y cuya exposición me aterraba.
Probablemente la madurez personal me ha llevado a deslindar lo producido como texto de lo que soy como persona, obviando en medida razonable el pudor y pudiendo traspasarlo para ofrecer mis poemas como producto del sentir y no como el sentir mismo.
¿En su opinión, hay un equilibrio en la contradicción?
Sin duda. La contradicción que se declara en el seno de mis poemas así lo atestigua.
La vida está plagada de contradicciones; entendidas estas como confrontación de opuestos, se establece una tensión constante entre los antagonistas (dominio/la rendición, la verdad/la mentira, la soledad/la comunidad, el amor /el odio, la vida/la muerte) que es, en definitiva, la que proporciona el equilibrio.
En mi opinión, las contradicciones nos hacen ser humanos. De esa interacción de contrarios, de esas paradojas se nutre la existencia del individuo; de ellas se alimenta y crece nuestro ser dando lugar a un “equilibrio” personal, imposible sin esas contradicciones.
Es decir, es la constante de esa antonimia vital a nivel individual y universal la que impele nuestro desarrollo, el aprendizaje doloroso, en muchos casos, y, finalmente, el ajuste de nuestros lados antagónicos por la propia tensión de sus fuerzas.
Desde mi perspectiva humana y literaria, la contradicción da lugar a un “tira y afloja” que es el que permite la transformación, el equilibrio dinámico.
En el Grupo Editorial Europa agradecemos a Blanca Pérez-Bocanegra Rodríguez por su amabilidad y le deseamos buena suerte con De nadie.
Esto es todo por hoy… Nos mantenemos en contacto y sintonizados con tantas novedades en puerta…
Besos y Abrazos


