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25 febrero 2026 por Europa_Ediciones

Una charla con Begoña Fernández García a través de su hija Rebeca Zurru Fernández – LA MITAD DE MÍ

Begoña Fernández García con su hija Rebeca Zurru Fernández (curadora del libro) – La mitad de mí – por el Grupo Editorial Europa

“En ocasiones parecía que no era ella quien hablaba, sino una fuerza que la sostenía cuando su cuerpo ya apenas podía hacerlo. Era como si la vida, en su tramo final, le concediera un espacio para ordenar su memoria, transformar su dolor en claridad y convertir su experiencia en un refugio para otros…”

Queridos lectores, hoy vamos a hablar de La mitad de mí, una historia autobiográfica publicada por el Grupo Editorial Europa que recoge las memorias y los pensamientos de Begoña Fernández García, escrita con la ayuda de su hija Rebeca Zurru Fernández, que, con amor y dedicación, ha seguido y ordenado este continuum narrativo. Es un libro poderoso que me ha encantado enseguida porque, con gran simplicidad y profundidad, logra transmitir al lector la importancia de contar la vida a través de la poesía. La fuerza, la debilidad, el dolor y la esperanza.

Esta entrevista nace, por tanto, del deseo del Grupo Editorial Europa de conocer más a fondo a Begoña Fernández García y su libro La mitad de mí a través de las palabras de su hija Rebeca, y estoy segura de que os encantará…

 

¿Qué le gustaría decir a sus lectores?

Si pudiera dirigirse hoy a quienes se acercan a este libro, estoy segura de que mi madre, Begoña Fernández García, lo haría desde la honestidad y la sencillez que definieron su vida. No se presentaría como autora, sino como una mujer que vivió con intensidad, que amó profundamente y que encontró en la palabra un modo de permanecer. Yo, como hija, presto mi voz para acercar la suya.

A los lectores les invitaría a no buscar una vida ejemplar, sino un testimonio humano. Les animaría a leer sin expectativas, permitiendo que cada página encuentre su lugar en quien la recibe.

Begoña nunca se consideró el centro de nada; se sabía parte de un tejido mayor. Por ello, desearía que cada lector pudiera reconocerse en sus luces y en sus sombras, en su fragilidad y en su fortaleza. Que comprendiera que todos compartimos un hilo invisible que nos une y que la vulnerabilidad, lejos de debilitarnos, puede convertirse en un puente hacia los demás.

Este libro no pretende ofrecer respuestas, sino acompañamiento. Y si algo querría transmitir mi madre es que, incluso en los momentos de mayor soledad, siempre existe una palabra, un gesto o un recuerdo capaz de sostenernos. Este libro es su forma de hacerlo.

¿Hay un momento en particular que le empujó a escribir este libro?

El origen de este libro se sitúa en un momento en el que la vida y la despedida convergían. Mi madre era plenamente consciente de que su tiempo era limitado cuando aceptó mi propuesta de narrar su historia. No lo hizo movida por aspiraciones literarias, sino por un acto de amor: el deseo de ofrecerme algo que trascendiera su ausencia.

Sin embargo, una vez iniciado el proceso, las palabras comenzaron a fluir con una naturalidad inesperada, como si hubieran aguardado ese instante para revelarse. En ocasiones parecía que no era ella quien hablaba, sino una fuerza que la sostenía cuando su cuerpo ya apenas podía hacerlo. Era como si la vida, en su tramo final, le concediera un espacio para ordenar su memoria, transformar su dolor en claridad y convertir su experiencia en un refugio para otros.

Este libro nació del amor, pero también de una intuición íntima: la certeza de que su voz podía acompañar más allá de su presencia física. Que sus palabras podían seguir abrazando cuando sus manos ya no estuvieran.

Es, al mismo tiempo, un acto de despedida y de continuidad. Un puente entre lo que fue y lo que permanece.

¿En qué escritores se inspiró?

Mi madre encontró afinidades en autores que, más que influirla, la acompañaron en su manera de comprender la vida. En Isabel Allende, reconocía la memoria que respira entre generaciones; en Noah Gordon, la búsqueda que cura; en Ken Follett, la arquitectura del destino; en Carlos Ruiz Zafón, la sombra que protege la luz; y en Ildefonso Falcones, la piedra que cuenta lo que el tiempo calla.

No obstante, su escritura no nació de ellos, sino de su propia experiencia.

Begoña poseía una sensibilidad singular para identificar la belleza en cualquier manifestación artística y dejarse transformar por ella. Hallaba inspiración en la voz quebrada y honesta de Silvio Rodríguez, en la emoción que se vuelve arquitectura de Pavarotti, en la audacia contemporánea de Rosalía, en la mirada poliédrica de Meryl Streep, en la alegría que abraza el dolor de Roberto Benigni, en los colores febriles de Van Gogh o en el caos que encuentra orden en Picasso.

Sin embargo, cuando escribía, no imitaba. Su escritura era un ejercicio de sinceridad radical: una conversación consigo misma, un intento de comprender el mundo y de comprenderse.

Su mayor influencia fue la vida: lo que amó, lo que perdió, lo que la transformó. Su obra no es heredera de otras voces, sino de su propia alma.

¿Cuándo nació su pasión por la escritura?

La escritura surgió en ella como nacen las cosas esenciales: de manera silenciosa, natural y sin pretensión.

Mi madre tuvo que abandonar la escuela a una edad temprana para trabajar y ayudar a su familia. Quizá por ello los libros se convirtieron en su refugio, en su escuela paralela y en su forma de seguir creciendo cuando la vida le exigía madurar demasiado pronto.

Leer fue su manera de viajar, de aprender y de ampliar el mundo. Escribir, en cambio, fue su forma de habitarlo.

Encontró en la palabra escrita un espacio íntimo donde ordenar emociones, nombrar heridas y celebrar alegrías. Desde ese lugar reivindicó la belleza y la justicia, denunció la corrupción de las injusticias y defendió la verdad con una valentía silenciosa.

Su relación con la escritura se asemejaba a la de un pintor con su lienzo o a la de un músico con su instrumento: un territorio donde lo vivido se transforma en algo más amplio que uno mismo. Como Van Gogh buscando luz en la oscuridad, como Frida Kahlo convirtiendo el dolor en color, como Leonard Cohen afinando la melancolía hasta volverla música.

No hubo un inicio concreto. Hubo una necesidad constante: la de convertir la vida en palabra.

La escritura fue, para ella, un hogar.

¿Cómo fueron sus comienzos en la escritura narrativa?

Los inicios de mi madre en la escritura narrativa no se encuentran en un archivo literario ni en un proyecto formal, sino en los gestos cotidianos con los que acompañó mi crecimiento y el de mi hermano. Mucho antes de que este libro existiera, ya escribía historias para mí: cuentos que me ayudaban con los deberes del colegio, relatos que me explicaban el mundo cuando aún no tenía palabras para comprenderlo, pequeñas narraciones que me ofrecía en el instituto o la universidad cuando necesitaba claridad, consuelo o inspiración. También elaboraba cuentos para los niños a los que quería, como si la imaginación fuera una forma de cuidar.

Esos textos eran semillas: indicios de que su narrativa nacía del afecto, de la necesidad de iluminar, de la intuición de que una historia puede acompañar.

Cuando decidió contar su propia vida, no lo hizo desde la técnica literaria, sino desde la verdad. Su narrativa procede de la vida vivida, no de la vida aprendida. Por eso La mitad de mí posee una autenticidad que no se construye: se siente.

En estas páginas se percibe cómo su voz se afina, cómo la memoria se convierte en relato y cómo el dolor se transforma en belleza. Cada capítulo es un primer paso, cada carta un puente, cada poema una revelación.

Sus comienzos están aquí, latiendo en cada frase. Y quizá esa sea su mayor fortaleza: que su escritura nace del amor y se convierte en legado.

En el Grupo Editorial Europa agradecemos a Rebeca Zurru Fernández por su disponibilidad y a Begoña Fernández García por regalarnos este maravilloso libro y les deseamos buena suerte con: La mitad de mí.

Eso es todo por hoy… Nos mantenemos en contacto y sintonizados…

Besos y Abrazos

Rachele

#GrupoEditorialEuropa #rebecazurrufernandez

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