
¡Hola a todos los amantes de la lectura y a la querida comunidad del Grupo Editorial Europa! Es un verdadero placer daros la bienvenida a este espacio ideado para descubrir reflexiones profundas y obras que nos invitan a mirar la vida con otros ojos.
Hoy nos viste de gala presentar a una autora verdaderamente talentosa: Beatriz Bodero. Con una mirada sensible, reflexiva y cargada de matices vitales, ha decidido publicar bajo el sello del Grupo Editorial Europa su novela La Plaza Cero Veinticuatro. La obra nos invita a sumergirnos en las ausencias, el dolor y la memoria para recordarnos que la dolorosa realidad del otro puede ser también una luz para entender la propia. Para ir abriendo boca antes de adentrarnos en la entrevista, os dejamos con esta inspiradora reflexión de Beatriz Bodero, que sintetiza el propósito esencial que late en sus páginas:
«No espero que el lector piense como yo, espero que piense más de lo que pensaba antes de abrir el libro».
Os invitamos a descubrir los matices de La Plaza Cero Veinticuatro a través de esta enriquecedora entrevista…
¿Qué le gustaría decir a los lectores?
Me gustaría que cada lector hiciera suya la novela. Que no la leyera únicamente como la historia de otros, sino también como una oportunidad para mirar adentro suyo. Que la leyera despacio o deprisa, eso es lo de menos, pero que la mastique. Que la mezcle con su momento actual, con las pérdidas que ha vivido, con sus recuerdos de esas ausencias, con sus reflexiones y con sus propias preguntas.
La Plaza Cero Veinticuatro habla de la ausencia, del dolor, de la muerte y de la vida. Un punto fundamental de la novela es plantear que el dolor ajeno es una forma de entender el propio. Pero sobre todo habla de cómo nos relacionamos con todo esto.
Mi deseo es que se encuentre en sus páginas una nueva perspectiva, una vía distinta para reflexionar sobre lo que significa estar, dejar de estar, recordar, o incluso decidir irse.
Si al terminar el libro alguien se descubre pensando de una manera diferente sobre alguna de estas cuestiones, aunque sea solo un poco, sentiré que la novela ha cumplido su propósito. No espero que el lector piense como yo, espero que piense más de lo que pensaba antes de abrir el libro.
¿Hay un momento en particular que le empujó a escribir este libro?
Realmente no recuerdo un momento concreto que me empujara a escribir este libro. No hubo una decisión repentina ni una idea que apareciera de pronto. Creo que fue algo mucho más lento.
Llevo años observando, escuchando y reflexionando sobre cuestiones que, poco a poco, iban creciendo en mí. La ausencia, la muerte, la forma en que afrontamos el dolor o la manera en que nos relacionamos con quienes nos rodean son temas que me han acompañado durante mucho tiempo.
Supongo que todas esas preguntas fueron creciendo sin que yo fuera plenamente consciente. Hasta que un día me encontré escribiendo. Primero en una libreta haciendo esbozos y después en el ordenador. No recuerdo cuándo decidí escribir la novela, recuerdo verme ya escribiéndola. Y la reescritura fue lo mejor, sin duda. Creo que han sido tres años creando esta obra. Al principio fui muy lenta, pero en la segunda reescritura ya todo tenía un sentido más compacto; y a partir de ahí vi que todo lo pensado empezaba a definirse.
La Plaza Cero Veinticuatro nació así, de capas y capas de pensamientos, observaciones y preguntas sobre cómo somos y cómo reaccionamos. Más que contar una historia, sentí las ganas de exponer, bajo mi punto de vista, una determinada forma de mirar la vida y todo aquello que la hace.
¿En qué escritores se inspiró?
Me cuesta señalar influencias concretas porque siempre he estado rodeada de cultura en un sentido muy amplio. He leído desde muy joven, y casi de todo. Pero también he pasado gran parte de mi vida con una cámara de fotografía. La música, los museos. O simplemente prestando atención a las personas y a lo que ocurre a mi alrededor.
Tengo ya algunos años y, cuando miro atrás, me doy cuenta de que resulta imposible separar unas cosas de otras. No sé qué parte de mí procede de una novela, cuál de una canción, cuál de una fotografía o cuál de una conversación mantenida hace veinte años. Supongo que todo va quedándose dentro, transformándose y creando capas.
Por eso no siento que La Plaza Cero Veinticuatro nazca de un autor o de una obra concreta. Creo que nace de muchas experiencias culturales y vitales acumuladas a lo largo del tiempo. De todo aquello que he leído, escuchado, observado y pensado. Al final, todo eso se ha ido formando dentro de mí y, de una manera u otra, ha terminado creando esta novela.
¿Cuándo nació su pasión por la escritura?
No sé exactamente cuándo nació mi pasión por la escritura. Lo que sí sé es cuándo sentí que ya no había vuelta atrás.
Todo comenzó hace esos tres años, cuando empecé con La Plaza Cero Veinticuatro. Mientras trabajaba en ella, el escribir se fue convirtiendo en una parte importante de mi vida. Pero hubo un momento decisivo: la llamada de la editorial. A partir de entonces dejó de ser un “¿y si escribo?” para convertirse en “escribo”.
Desde entonces no he parado. Mientras La Plaza Cero Veinticuatro seguía creciendo, ya estaba trabajando en otro proyecto: El amor y todo lo demás. Un texto sobre el amor y las relaciones, el arte, la espiritualidad y muchas otras cosas, contadas desde una conversación poco convencional: un diálogo entre mi perrita y yo.
Y actualmente con un tercero, La obra, donde interactúan un anciano, un niño, Dios, un pájaro y un banco.
Lo curioso es que las tres son completamente diferentes entre sí. Sin embargo, todas nacen de lo mismo: la observación, la reflexión y el dar forma a esos pensamientos que me acompañan desde hace años. Ahora la escritura está en mi vida diaria. Es ya una necesidad personal. Y de alguna manera, también se está convirtiendo en un camino que me está afirmando como persona.
¿Qué representa la utopía para usted?
Creo que la utopía suele verse como un lugar perfecto en el que vivir. Yo no la veo así.
Para mí, la cuestión no es construir una vida donde no existan la muerte, la pérdida o el dolor. No creo que esa sea la verdadera utopía. Lo que me interesa es cómo actuamos frente a todo ello. Qué hacemos cuando la vida nos pone delante aquello que nos hace sufrir. Cómo convivimos con la ausencia. Cómo recordamos. Cómo seguimos adelante.
Creo que justo el punto importante de La Plaza Cero Veinticuatro es ofrecer una idea para afrontar el dolor. Aceptar el sufrimiento como parte de la vida.
La utopía la veo como un camino recto, y nosotros somos todo lo de alrededor a ese camino; lo que vamos haciendo y pensando sobre la vida y la muerte. Con lo cual, crear algo para convivir con el dolor. Y ese “algo” viene de la aceptación, no de la negación. Y que tal vez, si comparamos nuestro drama con el drama ajeno… puede que el nuestro se afloje un poco.
No me interesan demasiado las perfecciones. Me interesan más las preguntas y qué hacemos con ellas. Cómo las integramos en nuestra propia vida.
Desde el Grupo Editorial Europa expresamos nuestro más profundo agradecimiento a Beatriz Bodero por brindarnos su perspectiva honesta sobre los matices de la existencia y por regalarnos una obra de profunda riqueza interior. Si buscáis una narrativa paciente, pausada y capaz de invitar al cuestionamiento reflexivo, os aseguramos que las páginas de La Plaza Cero Veinticuatro os acompañarán durante mucho tiempo.
¡Gracias por acompañarnos y felices lecturas!
Rachele


